La mola Gran de Chert

por Julián Segarra Esbrí.

     La característica más llamativa que nos diferencia del resto de las poblaciones del mundo es el tipo de montañas, aquí en Chert son como grandes moles de piedra llana cortadas en escarpados singles de difícil o imposible acceso y con escasa vegetación. De entre todas, destaca por su tamaño la mola Gran a cuyas faldas está ubicado el pueblo no siendo la única mola del lugar, también existe la mola de Les Calderes, la mola Grau, la mola Murà, la mola Llarga y la moleta Redona.

     La pista forestal construida para acceder al monte Turmell se aprovechó para su uso en la explotación minera de la cantera y puede utilizarse para su ascensión. Enseguida nos percatamos de que las cosas no son como parecen, ante aquella fachada imponente, aparece en su interior una gran barrancada de piedra suelta que permite el drenaje del agua de lluvia y desorganiza la idea preconcebida que teníamos en cuanto a su estructura o formación. En ella se encuentra el vértice geodésico del Tormasal desde el que poder divisar toda una gran planicie de oliveras farga desde el sur del Delta del río Ebro hasta las Atalayas de Alcalá, distinguiéndose a lo lejos en el Mar Mediterráneo las pequeñas Islas Columbretes y por el oeste toda la serranía desde Monte Caro pasando por el Turmell hasta el Pico del Peñagolosa.

     Aunque actualmente no existe actividad humana por la desaparición de los trabajos de extracción de los bloques de piedra en la cantera, debido a la existencia de red eléctrica en el lugar y su enclave estratégico, es aprovechado para la colocación de reemisores de telecomunicaciones.

     La mola está cubierta de coscojales y donde no es posible su enraizamiento aflora la roca viva de la propia montaña, piedra jaspe con incrustaciones de las conchas de los moluscos que contiene y que la erosión desgrana dejándolos fosilizados sueltos.

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