José Andrés Sorribas

Por Julián Segarra Ortí

   Durante la primera década del siglo XX, algunas de las cepas de los viñedos del Maestrazgo empezaron incomprensiblemente a secarse y ya en la segunda década eran visibles los efectos de los daños en algunos tipos de vides, debidos a una especie de hongos e incluso bacterias que pudriendo las raíces llegaban a necrosarlas. Esta enfermedad era transmitida por un insecto hemíptero homóptero de la familia Phylloxeridae de la especie Phylloxera vastatrix que por la importación desde los Estados Unidos de uva de la variedad «isabela» de vid americana en donde se alimentaba de las raíces de las vides en aquellas tierras, llego a Europa en la última década del siglo XIX y se extendió como una verdadera plaga comiéndose las raíces de la cepas de los viñedos y provocando su muerte.

   Ello obligó a los fabricantes de alcohol a buscar otras fuentes de matera prima para la continuidad de sus negocios y al sur del delta del río Ebro empezaron a destilar las melazas de higos muy abundantes en las higueras de las paredes de piedra en seco de los bancales de las fincas agrícolas, construyendo locales para su almacenamiento que, en el caso de mi abuelo Francisco Ortí Jovaní, el fabricante de alcohol de Chert le permitía guardar más de 100.000 arrobas (más de mil toneladas) por campaña y de las que de su fermentación para transformar el azúcar en alcohol, se encargaba mi madre Vicenta Ortí Ferreres.

   Un buen día se presentó en el pueblo de Chert (Castellón) el Sr. José Andrés Sorribas, el fabricante de alcohol del Mas de Las Matas (Teruel) porque en su alcoholera tenía una partida de higos en fermentación paralizada y precisaba hablar y aprender algún consejo de su colega de Chert, ya que habitualmente en las fermentaciones de los higos, se le quedaba azúcar en la solución sin poderlo aprovechar totalmente con la consiguiente pérdida económica y mi abuelo Francisco Ortí Jovaní, le tranquilizó diciéndole que llamaría a su hija Vicenta y ella le solucionaría la incidencia sin problemas. Cuando Vicenta Ortí Ferreres estuvo ante la presencia del Sr. José Andrés Sorribas y vio que se trataba de una chiquilla de no más de quince años, se quedó sorprendido de cómo le podía solucionar la fermentación una persona de tan corta edad, pero siendo la hija de su colega Quico, el fabricante de alcohol de Chert, como iba a poner en duda sus conocimientos si realmente tenía la fermentación paralizada y no sabía como consolidarla.

   Allá que se van hacia el Mas de Las Matas mi madre Vicenta con el Sr. José y a su llegada, le enseña sus instalaciones y le explica «in situ» lo que le pasa. Mi madre toma una serie de medidas, comprueba los parámetros del estado del proceso de transformación del azúcar en alcohol y le comenta al Sr. José que va a necesitar por lo menos a un par de ayudantes, ante la atónita mirada del Sr. José y su evidente sorpresa, por lo que llama a sus trabajadores, le pide a mi madre que elija entre los presentes, ordenándoles que a pesar de la edad de la zagala, atiendan sus instrucciones como si fuera él mismo quien las diera. Al día siguiente la fermentación volvió a estar activa y en funcionamiento controlado adecuadamente, unos días después estaba perfectamente finalizada y en condiciones de ser destilada para la separación del alcohol.

   Entonces Vicenta pidió que se prepara otra partida de higos y al Sr. José que fuera su ayudante que estaba como incomprensiblemente desencajado con aquel proceder de la jovencita. El Sr. José atendió a cuantas explicaciones le daba mi madre y a la semana siguiente, la fermentación estaba correctamente finalizada. Entonces, le dijo mi madre, ahora vamos a realizar otra fermentación, la dirigirá ud. y yo seré su ayudante y ante su extrañeza en el proceder de mi madre, el Sr. José aceptó el reto y aprendió a conseguir fácilmente el control de una fermentación total de su materia prima en la peculiaridad propia de su establecimiento.

   Tres semanas después de la llegada de mi madre a la alcoholera del Mas de Las Matas, visto como estaba el negocio en correcto funcionamiento, no precisando ya de su presencia y como el Sr. José debió permanecer al frente del establecimiento, asignó a un trabajador de su confianza para que llevase a Vicenta de regreso a Chert.

   Al paso del tiempo se personó de nuevo el Sr. José Andrés Sorribas al pueblo de Chert para agradecer personalmente a Francisco Ortí Jovaní su estimada ayuda llevándole un presente consistente en un jamón de toro y mi abuelo Quico exclamó: ¡Pero dónde pongo esto!, el Sr. José le aconsejo que lo colgase en la destilería y para almorzar los trabajadores, sería un lugar adecuado. Entonces preguntó por su hija Vicenta y con su cordial reconocimiento, le dio un regalo personal consistente en unos ligueros muy artísticos para las medias, bordados con hilos de seda de varios colores, de algo más de una pulgada de anchos y que llevaban grabado su nombre VICENTA ORTI y ante la sorpresa de mi madre, le dijo: Tranquila Vicenta que no se lo diré a nadie.

   Mi madre guardó este inesperado, emotivo y original regalo con mucho agradecimiento, ilusión y especial cariño y en la familia se comentaba la anécdota del liguero personalizado con su nombre cuando se recordaba al Sr. José Andrés Sorribas del Mas de las Matas. Sabemos de ello toda la familia y ahora, también usted por ser lector de esta página web, pero... ¡no se lo diga a nadie!. Mi abuelo Quico, pensando que la destilería no era el lugar adecuado para colgar una cecina debido al calor del hogar de la caldera destiladora que alcanza todo el establecimiento y por ser el tamaño del jamón de un toro muy grande, lo troceó y repartió entre sus empleados para compartir con sus respectivas familias en sus casas y también un trozo para él.

   En alguna ocasión mi madre comentó que el sello del tampón de la fábrica de alcohol del Sr. José era de lo más original, consistía en la figura de un barril acostado en el que en sus duelas, iba rotulado su establecimiento, actividad, propietario con nombre y primer apellido, población y provincia. En ocasiones he pensado si la forma del sello de nuestra fábrica de licores no estuviese inspirado en el sello del barril del Sr. José Andrés Sorribas.

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