El secatoallas eléctrico

por Julián Segarra Esbri.

   La ventaja de decir si, es evidente frente al no porque, sin movimiento de maxilar inferior nos permite soltar el aire de los pulmones sin esfuerzo aparente, en cambio, la negación, es muchísimo más agotadora y el abrir la boca para no comer nada es inservible, aunque por alguna desconocida razón que puede llamarse miedo, siempre tendemos con mayor facilidad a negarnos antes que afirmarnos.

Secatoallas eléctrico.

   Hace tan solo unos días, me preguntaba mi novia María Jesús si se podría poner detrás de la puerta del aseo un secatoallas eléctrico y evidentemente, ante mi respuesta afirmativa, añadía: ¡Pero sin hacer obra!.

   - ¡Claro que es posible!, la limitación está en la imaginación.

   Elegido el lugar del emplazamiento, se daba la circunstancia que el enchufe eléctrico estaba en la parte de arriba del otro lado de la puerta y la separación entre la puerta abierta y las baldosas de la pared, tan solo era de 11 centímetros y con estos datos, se acerca a la tienda que hay cerca de casa y habla con la vendedora.

   Como quiera que al final quien tiene que dar la conformidad deberé ser yo en mi condición de obrero técnico especializado sin papeles, se reclama mi presencia y allá que me acerco a la tienda con mi novia sin bajar de la acera. Allí se nos muestra un catálogo de lo más bonito y sugestivo, preguntando mi opinión por cada una de las imágenes de las piezas y como tengo claro que lo importante es la profundidad y no las florituras, las ofertas no sirven porque por su tamaño, una vez instalado no permitirían abrir totalmente la puerta golpeando contra el radiador.

Secatoallas eléctrico en pared con enchufe.

   Viendo que el negocio será un fracaso, la vendedora se percata de mi persistente criterio y elige pasar páginas fijándose solamente en la profundidad de los secatoallas, hasta que finalmente, observa que hay uno que el fabricante publicita de 10 centímetros, ¡che!, ese es el que me agrada y le digo a María Jesús, ¡pasa pedido!.

   En unos días se le comunica que el producto está en la tienda y se puede pasar a recogerlo, por lo que muy ilusionada se lo lleva a casa y al abrir el embalaje, el invento tiene 11'50 centímetros de espesor. Parece ser que por un error en la imprenta, se perdió la medida correcta y como nadie protesta, en las ediciones posteriores se repite el gazapo.

   Allá que va el tío Julián a explicar lo sucedido y como quiera que el menguado comercio del siglo XXI no se puede permitir el lujazo de perder a un cliente con dinero gastador, se mueve el cielo y la tierra para encontrar algo más corto.

   Mientras tanto, la cabeza va pensando y entiendo que será dificilísimo encontrar un secatoallas de las dimensiones que quepa en el emplazamiento elegido y como mi lema es: "Cuando no se tiene una cosa, se pinta", entiendo que será más sencillo mecanizar un artículo comercial que fabricarlo exprofeso, por lo que convengo con la tendera que, ¡me lo quedo!.

   Se trata de un producto fabricado en acero inoxidable y separadores de perfil cuadrado con anilla interior redonda mecanizada para tornillo M-5 con el que sujetar el invento a unos anclajes redondos cónicos supuestamente atronillados ya que alguien de la empresa distribuidora, ha manipulado el contenido de la caja y se le ha olvidado volver a dejar en su interior el manual de instalación, los tornillos y los tacos de sujección, lo que no es problema porque son piezas fácilmente adquiribles en ferretería.

   Ya en el taller, le corto una pulgada a cada uno de los separadores y taladro un orificio para posteriormente, con un juego de machos hago la rosca como en el original. A la vez, como la toma de corriente eléctrica se ha diseñado por la parte inferior y yo quiero ponerla por la parte superior, modifico la entrada y ya tengo el secatoallas a medida de mi necesidad, gusto y elección de mi novia.

Macarrón eléctrico en el tapajuntas de la puerta.

   Solo queda un capítulo a resolver. ¿cómo llevar la energía eléctrica sin hacer obra?.

   Estuve pensando, porque lo que se dice pensar, en alguna ocasión pienso, que tal vez el alicatador y el carpintero, en el momento de la construcción, fueran cada cual a su aire y debajo del embellecedor del marco de la puerta, lo que comúnmente llaman tapa juntas porque no es agradable la palabra engañabobos, se escondiese un tesoro oculto y tomando un formón de carpintero, se me ocurrió la idea de levantar el tapa juntas y cual mi sorpresa al comprobar que el arquitecto del proyecto del edificio pensó en el diseño dejar un hueco que exactamente coincide con el tamaño de un macarrón eléctrico, por lo que con una broca, taladré un cuadrado en una baldosa del rincón de la pared contigua de detrás de la puerta para insertar una caja de conexiones eléctricas y en su interior, colocar otro enchufe para el secatoallas, pegando de nuevo el embellecedor o tapajuntas al marco de la puerta devolviéndolo al estado original.

   Ahora solo me resta reclamar la presencia de la siempre prudente María Jesús en su condición de admirable y excelentísima novia supervisora cualificada y comprobada la colocación del invento sin obra atendiendo las directrices del diseño según el proyecto original, me entregue el merecido diploma, ya que no tengo edad de ir dando volteretas para festejar el éxito del correcto funcionamiento como hacía aquel jugador de fútbol cada vez que metía un gol.

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