Morir en Xert (1852-1884)

Aproximación al estudio de los diagnósticos de muerte en una comunidad rural del Baix Maestrat

Por Juan Antonio Micó Navarro

   I.- Introducción

   El presente trabajo fue presentado en la reunión que el Seminari d´Estudis sobre la Ciència de la Universitat de València, realizó en Forcall en 1996 y publicado en el volumen segundo de les Trobades sobre Salut i malaltía en els municipis valencians, que coordinamos con el profesor Josep Lluis Barona Vilar. Pretendía ser un primer acercamiento al análisis de los diagnósticos de causa de muerte en Xert durante la segunda mitad del siglo XIX. Su desarrollo completo comprende la reconstrucción del personal sanitario que los emitió, la escuela científica en la que se formaron y la situación sanitaria del municipio en la época estudiada.[1]

   Para ello seguimos la línea de trabajo iniciada por los profesores José María López Piñero y María Luz Terrada en Valencia y por Josep Bernabeu en Alicante, la cual ha sido ya desarrollada en otras poblaciones de nuestra Comunidad como Viver, Nules, Moncófar, Biar o Cocentaina en las que se han aplicado las técnicas del análisis semántico-documental a los diagnósticos estudiados, permitiendo ver la pervivencia de términos médicos a lo largo del tiempo y la aparición de nuevas ideas o corrientes científicas, e incluso del lenguaje popular y sus variantes valencianas.[2]

   El primer problema que encontramos en el desarrollo de nuestra investigación fue la importante merma que sufrieron los archivos parroquial y municipal de Xert durante la pasada guerra civil (1936-1939). No obstante la complementación de las fuentes que se han conservado en ambos archivos nos permitirá estudiar el período que deseamos, si las trabas burocráticas no lo impiden.[3] En principio utilizamos los fondos pertenecientes al archivo parroquial, para lo que se nos dio toda clase de facilidades.[4]

   II.- Material y método

   Para la reconstrucción del entorno socioeconómico e higiénicosanitario de Xert en la segunda mitad del siglo XIX, utilizamos dos fuentes coetáneas: el Diccionario de Madoz, impreso en 1845[5] y la Historia, geografía y estadística de la provincia de Castellón de Mundina Milallave, publicada en 1873.[6]

   Para el estudio de los diagnósticos de causa de muerte, como ya hemos dicho, hemos utilizado el archivo parroquial. La documentación conservada en éste es discontinua, debido a las pérdidas sufridas en el incendio del archivo en la pasada guerra civil. El primer quinque libri que se conserva data del siglo XVIII y comprende los años 1748-1797. No obstante, en los registros de defunciones que contiene no se especifica la causa, puesto que el interés de la iglesia en los mismos se centraba en constatar si había testado el difunto, había recibido los sacramentos y si legaba algún tipo de manda pía a la parroquia.[7]

   El segundo volumen del archivo comienza sus registros en 1852 y comprende hasta 1870, por lo que observamos un lapsus temporal correspondiente a la primera mitad del siglo XIX. En esta fecha aparecen ya en los registros las causas de la defunción, por lo cual comenzamos en estos años nuestro estudio.

Plano de Xert (1852 - 1884)

   El tercer volumen comprende las defunciones acaecidas entre 1871 y 1884, produciéndose a continuación un nuevo hueco en la documentación que se reinicia en 1939. No obstante, como hemos apuntado, a partir de 1870 ya se pueden completar los materiales con el registro civil.

   De estos dos libros utilizados hemos extractado un total de dos mil seiscientas noventa y cinco defunciones, que nos han servido para la realización de este primer acercamiento.

   El material escriptorio de los registros es papel, tamaño folio, escrito a tinta por ambas caras, en excelente estado de conservación. A través de los mismos puede observarse el distinto grado de alfabetización de los párrocos que los han redactado, tanto por el tipo de letra como por los errores gráficos.

   Para la recogida del material diseñamos una ficha, en la cual constaban los siguientes datos:

- Diagnóstico.

- Fecha de muerte (año, mes, día)

- Sexo (V., H.)

- Edad (años, meses, días, horas)

- Estado (soltero, casado, viudo)

- Profesión.

- Signatura o foliación.

   También elaboramos un apartado de notas en el cual pudiera recogerse algunos aspectos complementarios del diagnóstico, como en el caso de muertes en el transcurso de acciones bélicas (guerras carlistas) o de accidentes en los que se especificara datos que pudieran ser de interés con posterioridad.

   Con los materiales recogidos llegamos a las siguientes conclusiones.

   III.- Estado socioeconómico e higiénicosanitario de Xert en la segunda mitad del siglo XIX.

   Xert se encuentra situado a 60 km. de Castellón y 7 km. de San Mateo. Esta última constituía su capital comercial y comarcal en el siglo XIX.

   El término municipal comprende una extensión de 77,34 km2 con una población que, en la época estudiada, oscilaba entre 2.072 habitantes (censo de 1875) y 2.566 (censo de 1887).[8] Estos se encontraban asentados en tres núcleos: el pueblo de Xert propiamente dicho con el barrio del Pla de la Font; el barrio de Anroig en la carretera general en dirección a Morella y a 3 km de distancia del núcleo urbano; y por último, el antiguo poblado de la Barcella situado a 5 km de distancia, en la zona más montañosa y constituido por múltiples masías dispersas que tenían como centro de vida común la escuela anexa a la ermita de Sant Pere i Sant Marc y que realizaban sus gestiones burocráticas y comerciales en Xert[9]. Madoz nos habla de un total de 60 masías habitadas en esta época.

Asentamientos en el término municipal de Xert (1852 - 1884)

   La configuración montuosa y agreste de su entorno en el cual destacan el Turmell, cuya altura asciende a 1.281 metros, y las características Mola Murada (806 metros) de Les calderes (840 metros), Llarga y Redona, condicionan el carácter de sus habitantes ya que tan sólo una pequeña porción del amplio término municipal puede ser cultivada.[10]

   El casco urbano propiamente dicho se eleva sobre un montículo de 486 metros de altura, coronado por la Església Vella dedicada a de Nuestra señora de la Asunción, frente a la cual, en la casa Abadía, residía el rector, representante de la Orden de Santa María de Montesa que, hasta la extinción del régimen feudal, fue la propietaria de la población.[11] De este edificio monumental parte la calle Fredes, principal arteria de la vida comunitaria que junto a las del Sol, Capdevila, Fredes, Forn, Trascases, Llançana, Sant Blai, del Raval de Santa Llúcia, Pla, València y Plaça Vella, constituyen el entramado histórico medieval y renacentista de Xert.[12] El la Plaça Vella estaba ubicado el antiguo ayuntamiento, edificio construido en el siglo XVII, como indican varias inscripciones y el juzgado. Y en la calle València se encuentra el sobrio y majestuoso palacio de los Feliu, importante familia oriunda de la ciudad de Castellón, una de cuyas ramas se asentó en Xert hacia 1687 y que, a lo largo de los años, se fue convirtiendo en la principal terrateniente de la población, especialmente a partir de las desamortizaciones del siglo XIX.[13]

   Las fuentes de sustentación de los habitantes eran la agricultura y la ganadería. Los principales cultivos, que ya citaba Cavanilles a finales del siglo XVIII, eran el trigo, vino, aceite, higos y bellotas.[14] Así mismo la ganadería, como en el resto de los pueblos que forman las comarcas de Els Ports y El Maestrat, constituía en esta época una importantísima fuente de ingresos.

   En cuanto a la industria, tanto Madoz como Mundina hablan de la fabricación de tejidos de lienzo ordinario y de lana para consumo de la misma población, así como de la existencia de siete molinos de harina y tres de aceite.[15]

   Respecto a la situación higiénicosanitaria de Xert en la época estudiada sabemos que el agua para el consumo humano se obtenía de la fuente de l´Auvello y la Font, ambas cercanas a la población y situadas junto al barranco de l´Auvelló, disponiendo las casas más pudientes de pozos artesianos donde se recogía el agua de lluvia por medio de canalizaciones de barro cocido y de filtraciones subterráneas. Los sistemas de desagüe eran inexistentes, por lo que las aguas sucias eran recogidas en pozos ciegos, lanzadas a la calle o a las cuadras que, como veremos, estaban situadas en la planta baja de la casa y que habitualmente no tenían ninguna ventilación.

   La casa tipo, alguno de cuyos ejemplares ha pervivido hasta hace unas décadas intacta en la parte antigua de la población, que había sido semiabandonada, estaba constituida por tres plantas.[16] La puerta de ingreso era partida en dos, de modo que los animales ubicados en la planta baja pudieran disponer de luz y aire. También permitían, en épocas de nevadas copiosas, poder salir al exterior por la parte superior sin que la nieve invadiera la casa. Tras una pequeña entrada de suelo de tierra, en la que solían dejarse las herramientas de trabajo agrícola y en algunos casos el carro y pasado un pequeño arco que formaba la correa de la escalera que ascendía al piso superior, se pasaba a una estancia interior donde se ubicaba el pesebre para el macho o el burro y la pocilga. Esta dependencia actuaba de estufa o calefacción natural del piso superior o vivienda. Solía existir una puerta divisoria al comienzo de la escalera de acceso al primer piso que independizaba la parte destinada a los animales de aquella donde se desarrollaba la vida familiar. Así, una vez en este primer piso, encontrábamos la estancia que daba a la calle, con ventana o balcón a la misma, que servía de habitación al matrimonio. En una zona central se situaba el comedor con la chimenea que ejercía una doble función: calentar el habitáculo y servir de cocina familiar. Tras ella se situaban las alcobas, que solían ser interiores y sin ventilación al exterior dado que al ser las calles paralelas, las casas de una se incrustaban en otras superiores o inferiores, lo que dificultaba la correcta ventilación del recinto. Por último, subiendo un nuevo tramo de escalera, también diferenciado del resto de la casa por su correspondiente puerta, se ascendía a l´angorfa o desván, donde se guardaban las cosechas. Esta estancia tenía una pequeña terraza delantera que recaía a la calle, donde se colocaban los canyissos para secar los higos que servían tanto de alimento familiar como para dar de comer al ganado.

   Algunas calles como Fredes o Trascases estaban empedradas, pero la mayoría tenían el suelo de tierra, lo que las convertía en barrizales en las épocas de lluvia y en lugares polvorientos en la época seca.

   Es curiosa la pervivencia en el período estudiado de la costumbre funeraria que describe Mundina en 1873, de la cual hoy no queda memoria oral en los más mayores:

“entre las costumbres de estos habitantes [de Xert] es bastante particular la de los entierros: en estos actos religiosos hay grande obligación de asistir todos los vecinos y llama la atención del forastero los grandes alaridos que dan los parientes más cercanos del difunto, los cuales acompañan a la fúnebre comitiva hasta el cementerio, llorando a voz en grito, y relatando las bellas cualidades del finado, y cuantas obras buenas practicó en la última época de su vida”.[17]

   IV.- Análisis de los diagnósticos de muerte estudiados

   La visión global de los diagnósticos recogidos nos muestra claramente la existencia de dos fases diferenciadas, entre las cuales encontraríamos un período intermedio. La primera estaría comprendida entre 1852 y mayo de 1877, en la cual los diagnósticos registrados adolecen, en algunos momentos, de precisión facultativa. Es el caso de aquellos que indican que la muerte se ha producido por rotura (1852), calentura con hinchazón (1854), dolor (1857) o desgracia (1862). No obstante junto a estos términos, bajo los cuales es muy difícil poder esclarecer o discernir a qué enfermedad se debió la muerte realmente, hay otros más precisos hacia el final de este primer período como gastritis crónica (1865), hepatitis (1876) o escarlatina (1876), que denotan una información científica de mayor calidad por aquellos que emiten el diagnóstico.[18]

   El período intermedio que hemos citado corresponde a mayo de 1877-enero de 1878, en el cual observamos que de un total de 42 defunciones registradas, en 30 de ellas, se omite el diagnóstico, lo que nos induce a pensar en la carencia de un técnico sanitario en este período al frente de la población, ya que ni con anterioridad ni con posterioridad a esta fecha ocurre un hecho semejante.

   A partir de 1879 comienza el tercer período que se prolonga hasta el final de los años estudiados. En él nos encontramos con una terminología científica que si bien corresponde aún a la mentalidad anatomoclínica, utiliza una mayor precisión como esofaguitis gangrenosa (1882), mielitis o metroperitonitis puerperal (ambas en 1884).[19]

   En cuanto a la presencia de diagnósticos de origen popular o del lenguaje cotidiano hemos detectado la presencia de términos como pigota (1863-1864), que alterna con viruela (1863) en los diagnósticos de un mismo año; crup (1865-1871) que coexiste con garrotillo (1864-1871); dentiza (1859); o mal grano (1862).

Mortalidad anual en Xert (1852 - 1884)

   La presencia de los conflictos bélicos, como consecuencia de las denominadas Guerras carlistas aparecen reflejadas en enero de 1875, en tres muertes diagnosticadas por acción bélica y otras tres en mayo, que debieron desarrollarse cerca de la población, puesto que fueron enterrados en Xert. Efectivamente en este año, con el paso del pretendiente Carlos VII a Francia, finalizaría la tercera guerra carlista.[20]

   Si observamos la mortalidad bruta en los años estudiados vemos unas oscilaciones debidas principalmente a factores epidemiológicos. Así en 1855, en que contabilizamos 186 defunciones, la causa del notable aumento de mortalidad es la epidemia de cólera que representa por sí misma un 79% de la mortalidad anual, con 147 fallecimientos.[21]

   Sin embargo hay otra enfermedad epidémica, el sarampión, que se puede considerar como la que mayor número de fallecimientos provocó, especialmente entre la población infantil, a lo largo del período estudiado. En 1862 de un total de 195 muertes, esta enfermedad fue la causa del óbito en 136 ocasiones, lo que representa un 69,7% del total anual; en 1871 de 152 casos el sarampión fue responsable de 58 muertes, o sea que aun siendo más benigna representó un 38,1%. Esto se repetiría en 1879 en que de las 106 defunciones registradas 31 casos correspondieron de nuevo a esta causa (29,2%). También el aumento considerable de la mortalidad en 1884, con 133 casos, se debió a un brote de la misma enfermedad con 32 casos (24%) asociada a enfermedades gastrointestinales que representaron 39 diagnósticos (29,3%).

   En 1875 se produce también un aumento de la mortalidad debido a tres causas: el pasmo con 16 casos (15,8%), el garrotillo con 14 (13,8%) y la viruela con 11 (10,8%).

   En la distribución por año y sexo encontramos un alto índice de mortalidad infantil, especialmente entre los menores de cinco años, descendiendo de forma considerable a partir de los seis años.

   Las principales causas de mortalidad en este primer grupo, según los diagnósticos utilizados, son:

Tabla nº 1

10 principales causas de muertes en menores de 5 años (0-4)

  

  

  

  

  

1

  

Pasmo

390

  

2

  

Sarampión

227

  

3

  

Dentición

176

  

4

  

No consta

144

  

5

  

Diarrea

81

  

6

  

Garrotillo

61

  

7

  

Disentería

49

  

8

  

Cólera

47

  

9

  

Inflamación

35

  

10

  

Viruela

27

  

   A través de esta tabla observamos cómo los principales responsables del alto índice de mortalidad infantil son las enfermedades infectocontagiosas representadas por el sarampión, difteria, cólera y viruela. El segundo lo integran las patologías de tipo estacional, especialmente estivales: diarrea y pasmo.[22]

   Es también interesante constatar el alto número de casos en los que ni tan siquiera se ha diagnosticado el motivo de la muerte: 144 registros.

   El segundo grupo, en el que se incluyen los fallecidos entre 5 y 95 años, las principales causas de mortalidad son las siguientes:

Tabla nº 2

10 principales causas de muerte en mayores de 4 años (5-95)

  

  

  

  

  

1

  

Vejez

101

  

2

  

Cólera

94

  

3

  

Asma

94

  

4

  

Apoplejía

58

  

5

  

No consta

53

  

6

  

Diarrea

51

  

7

  

Sarampión

47

  

8

  

Inflamación

37

  

9

  

Hinchazón

35

  

10

  

Parto

20

  

   El diagnóstico de muerte por vejez, si bien es poco definido o inespecífico y puede esconder multitud de patologías diferentes, nos aporta un dato a comentar y es la longevidad bastante acusada en la población xertolina del siglo XIX. Este diagnóstico se sitúa entre las edades extremas de 61-95 años. A éste debemos sumar los fallecidos por apoplejía que comprende personas situadas entre los 60-88 años.

   El segundo grupo está constituido por las enfermedades epidémicas como el cólera, que es el segundo diagnóstico en importancia debido, como ya hemos repetido varias veces, a la epidemia de 1855, así como al sarampión.

   Otro diagnóstico que destaca, siendo la tercera causa de muerte de este grupo y que se detecta especialmente en la franja de edad comprendida entre los 40 y 75 años, es el asma. Esto nos recuerda una observación realizada por Cavanilles al referirse al cercano pueblo de Cervera en la cual afirma:

“La elevada situación de Cervera, como la de muchas poblaciones del reyno, ocasiona perjuicios de consideración. Por las repetidas y largas cuestas se fatigan las caballerías y se inutilizan en pocos años; los hombres y las mugeres enferman muchas veces del echo á fuerza de baxar y mucho más de subir cargados, después de haber trabajado todo el día”.[23]

   También vemos como décima causa de muerte las complicaciones producidas por el parto o sus consecuencias, lo que conlleva el que encontremos matrimonios en segundas nupcias a lo largo del período con cierta asiduidad, para poder rehacer el núcleo familiar.

   Para finalizar, queremos recalcar nuevamente que presentamos unos datos provisionales en esta primera fase de elaboración del trabajo y que constituyen hipótesis de trabajo que deberán ser confirmadas o rectificadas en el futuro. Así mismo completaremos nuestro estudio con el análisis semántico-documental de los diagnósticos sin el cual quedaría inconcluso.

____________________________________________

[1] Para la reconstrucción del personal sanitario que ejerció su profesión en Xert durante los años estudiados, habría que recurrir a dos tipos de fuentes. En primer lugar al Archivo Municipal de Xert, que desgraciadamente conserva escasos documentos anteriores al siglo XX. En segundo término se puede obtener información de otros archivos castellonenses, así como de archivos universitarios, donde se conservan expedientes académicos que nos permiten observar tanto el aprovechamiento intelectual de los médicos como el profesorado con el cual se formaron y las ideas científicas y técnicas imperantes en esa escuela docente. En este aspecto hemos realizado varios trabajos sobre los estudiantes del Maestrazgo que cursaron su carrera en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia. El primero titulado “Profesionales sanitarios del Maestrazgo graduados en la Universidad de valencia (1859-1900)”, Estudis Castellonencs, 4 (1987-1988), 317-330, comprende un estudio preliminar sobre los planes de enseñanza en esta época, seguido de un apéndice documental en el cual consta la procedencia, edad y fecha de licenciatura del estudiante.

[2] El problema que plantea la investigación de los diagnósticos de muerte que encontramos en las fuentes de archivo parte de su gran complejidad semántica, lo que dificulta gravemente el transvase de dicha información a las nomenclaturas de causas de muerte. Para resolver este tema, José María López Piñero y María luz Terrada, catedráticos de Historia de la Ciencia y de Documentación Médica de la Universidad de Valencia respectivamente, han aplicado un esquema que se desarrolla en tres fases. La primera consiste en elaborar un thesaurus con datos de archivo; una segunda fase comprende la creación de un glosario terminológico; por último, proponen el transvase de la información a nomenclaturas normalizadas. Este esquema ha sido aplicado con rigor en los siguientes trabajos: F. Martínez Monleón, Los diagnósticos de causa de muerte en Viver, Nules y Moncofar durante el siglo XIX. Análisis semántico documental, Valencia, Tesis Doctoral, 1992, 2 vols.; E. Ferrándiz Paya, Demografía sanitaria y epidemiología histórica en Biar, 1541-1870, Valencia, Tesis Doctoral, 1987, 6 vols.; J. J. Todolí Pérez de León, Enfermedades y medicina en la Cocentaina del siglo XIX, Valencia, Tesis Doctoral, 1988, 6 vols. También en la Universidad de Alicante se han llevado a cabo diversos trabajos de investigación sobre el tema, bajo la dirección de J. Bernabeu Mestre. Para una información más amplia, deben consultarse los trabajos: J. Bernabeu Mestre; J. M. López Piñero, “Condiciones de la mortalidad entre 1800 y 1930: higiene, salud y medio ambiente,” Boletín de la Asociación de Demografía Histórica, V, (2) (1987); E. Ferrándiz Payá; J. J. Todolí Pérez de León, “Epidemiología histórica de Biar y Cocentaina. Estudio de las defunciones, 1800-1900”, en: Actas del I Congreso Hispano-Luso Italiano de Demografía Histórica, Barcelona, 1987, pp. 270-274; J.M. López Piñero; M. L. Terrada Ferrandis, “La semántica documental en la investigación historicomédica”, en: V Reunión de la Sociedad Española de Historia de la Medicina, Salamanca, 1990; J. A. Micó Navarro; F. Martínez Monleón, “La utilización de las técnicas del análisis semántico-documental en el estudio e interpretación de las causas de muerte,” en: J. Bernabeu Mestre; E. Robles González (ed.), Expresiones diagnósticas y causas de muerte, Alacant, Seminari d´Estudis sobre la Població al País Valencià, 1994, pp. 173-185.

[3] Cuando comenzamos a interesarnos por la historia de Xert, hace ya varias décadas, nos dirigimos al entonces secretario del Ayuntamiento, Ángel Cuartiella, quien nos dijo que no se conservaba documentación municipal anterior a la pasada guerra de 1936-1939, excepto el Registro Civil, que se encontraba íntegro. Pero en el transcurso de los años hemos tenido la suerte de colaborar en el rescate de parte de los fondos históricos municipales, que han ido conformando un fondo archivístico que se remonta a mediados del siglo XIX y algunos papeles sueltos del siglo XVIII. Estos aparecieron, por una parte, en la casa que había servido de juzgado, sita en la Plaça Vella, frente al antiguo Ayuntamiento. Al venderla a un particular hace años pedimos permiso al entonces alcalde, Germinal Calvet Plá, para rescatar los documentos que sabíamos que se encontraban en el inmueble. Allí aparecieron materiales de tipo judicial, así como documentación relativa a un sindicato agrario de principios de siglo XX y de la Sección Femenina. Todo ello fue colocado en cajas de cartón y trasladado al cercano edificio, ya abandonado, del antiguo Ayuntamiento. También en el desván o angorfa de este edificio, y ante la inminencia de las obras de restauración del tejado, que amenazaba ruina, encontramos y rescatamos, con la ayuda del alguacil Vicente Ferreres, una interesante documentación correspondiente a la primera mitad del siglo XX, en regular estado de conservación, que el entonces secretario José Juan Pozo Rivas acondicionó en el nuevo edificio municipal. Todos los materiales fueron catalogados por Odette Calvo, licenciada en Geografía e Historia.

    En cuanto al archivo parroquial, fue incendiado y se perdió gran parte de la documentación en 1936. En concreto desaparecieron 46 volúmenes de protocolos notariales y 20 relativos a cuentas y cofradías, pero se salvaron afortunadamente la mayor parte de los quinque libri, una visita pastoral de 1817 y algunos documentos de autentificación de reliquias. No obstante, se conserva una relación o inventario de su contenido realizada por Ibarra Folgado unos años antes del incendio, aunque publicada en 1951. En 1982 publicó un inventario de los libros existentes Joan Serafí Bernat Martí. (Cf.: M. Segarra Roca, Historia Eclesiástica de Chert, Tortosa, Algueró i Baigues, 1949, p. 75; J. M. Ibarra Folgado, “Los archivos municipales, eclesiásticos y notariales de la provincia de Castellón”, Saitabi, 8 (1950-1951), 135; J. S. Bernat Martí et al., “Fuentes documentales para el estudio demográfico-histórico de las comarcas septentrionales del País valenciano”, Estudis Castellonencs, 1 (1982), 448).

[4] Queremos hacer especial mención del entonces párroco mosén Vicente Hernández Carballo, quien nos autorizó y dio toda clase de facilidades para la consulta de los materiales del Archivo Parroquial de Xert.

[5] P. Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, La Ilustración, 1847, vol VII, p. 319.

[6] B. Mundina Milallave, Historia, geografía y estadística de la provincia de Castellón, Castellón, Imp. Y Lib. De Rovira Hermanos, 1873, pp. 276-279.

[7] Como ejemplo reproducimos parte de un registro: “Lunes a catorze del mes de Octubre del año mil setecientos ochenta y dos murió… Y al otro día de los sobredichos se le dio Eclesiástica Sepultura en la Capilla del Dulcísimo Nombre de Jesús con entierro general. Hizo testamento, que recibió Josef Zaragozá escrivano de esta de Chert dia veynte y nueve de Julio del sobredicho año y dispuso para bien de su Alma tres cientas libras moneda corriente a disposición de sus Albaceas… Recibió los sacramentos de penitencia, eucharistia y extremaunción…” (Cf.: Archivo Parroquial de Xert, Libro de difuntos, vol. I (1748-1797) f. 286 r.)

[8] De los cuatro censos que hemos podido consultar, hemos obtenido los siguientes datos: en 1857 la población de Xert ascendía a 2.072 habitantes, de los cuales 1.086 eran varones y 985 hembras (Cf.: Censo de Población de España, 1857, Madrid, Imprenta Nacional, 1858); en el censo de 1860 consta un total de 2.289 habitantes (Cf.: Censo de Población de España, 1860, Madrid, Imprenta Nacional, 1863); en 1877 Xert tenía ya 2.434 habitantes, de los cuales 1.263 eran varones y 1.171 hembras (Cf.: Instituto Geográfico y Estadístico, Censo de la población de España (1877), Madrid, R. Labajos, 1879; por último, en 1887 la población ascendía a 2.566 de los cuales 1.310 eran varones y 1.256 hembras (Cf.: Instituto Geográfico y Estadístico, Censo de la población de España (1887), Madrid, 1891-1892, vol. I, pp. 172-173). Este censo de 1887 es el que aporta una información más completa y variada respecto a las características de los habitantes de cada pueblo, pues nos ofrece datos por grupos de edad de cinco en cinco años, así como por estado civil, grado de instrucción, españoles o extranjeros, residentes o transeúntes, etc., que nos ayudan a tener una visión más completa de aspectos sociológicos de la comunidad estudiada.

    Para poder contrastar estos datos con la evolución de la población de Xert en el presente siglo se deben consultar dos trabajos. El primero, inédito, fue realizado por Odette Calvo en 1988 y lleva por título: Estudio demográfico de Xert; el segundo fue realizado por Francisca Segura Beltrán: “Evolució de la població al municipi de Xert”, en: L´Església Vella de Xert (1389-1989), sis segles d´Història i Patrimoni, s.l.: Xert, s.i., s.a.: 1989, pp. 21-31.

[9] Sobre las masías de Xert y la pervivencia en estas montañas de una cultura ancestral, es muy interesante la aportación de V. Meseguer Folch, “Reminiscencias de una cultura pastoril en Xert y la Barcella”, en: Primeras Jornadas sobre arte y tradiciones populares en el Maestrazgo, Benicarló, Centro de Estudios del Maestrazgo, 1988, pp. 81-112.

[10] Para una correcta ubicación geográfica, recomendamos consultar la voz correspondiente a Xert en Geografía de les comarques valencianes, Valencia, D. C. V. Ediciones, 1994, vol. II, pp. 105-110

[11] Sobre este tema cf.: M. Segarra Roca, op. cit.; A. Zaragozá Catalán; M García Lisón, “Un edificio que esconde su historia: Nuestra Señora de la Asunción de Chert”, Penyagolosa (1982); J. A. Micó Navarro, “Recientes campañas de restauración en “L´Església Vella” de Nuestra Señora de la Asunción de Chert”, Boletín del Centro de Estudios del Maestrazgo, 13 (1986), 67-75.

[12] Existe un extenso y minucioso trabajo sobre la toponimia de Xert, que no ha sido publicado aún en su totalidad y que deseamos ver pronto impreso. Por deferencia del autor poseemos un ejemplar del mismo. Se trata de la obra de X. Coloma Fuster, Toponimia del Terme Municipal de Xert (Baix Maestrat), que resume el trabajo de campo realizado por dicho autor entre 1992 y 1994.

[13] Respecto a la familia Feliu y su entronque con la casa de los condes de Pestagua, cf.: J. A. Micó Navarro, “Los condes de Pestagua y su vinculación con Xert. Su entronque con los Feliu castellonenses” Boletín de la Sociedad castellonense de Cultura, LXXII (1996), 473-506.

[14] A este respecto Cavanilles decía en sus Observaciones… a finales del siglo XVIII: “Apenas cultivan en Chert la sexta parte de su término… pero logrando varios sitios más templados que los pueblos que anteceden, gozan de las producciones que estos rehusan. Se ve aquí mucho viñedo, plantado –no como en Cinc-Torres en filas solitarias, sino al tresbolillo, esto es, en quadros de nueve palmos que forman sucesivamente las cepas, y producen 15.000 cántaros de vino. Son bastante frequentes los olivos; pero los labradores por falta de instrucción no se atreven á cortar aquellas ramas que se oponen al aumento del fruto. En medio de esto y de ser incierta la cosecha del aceyte, puesto que aun en años favorables queda siempre uno sin fruto, se recogen 2.000 arrobas en el año que alternativamente corresponde. En las moreras reyna el defecto de la poda y de limpieza notado en Forcall. Es corta la cosecha de seda, como de unas cien libras y podría aumentarse con cuidar y multiplicar las moreras; bien que el clima no es favorable a la cría de gusanos. Más considerable es el artículo de frutales y de higueras: de estas perecieron las dos terceras partes por los crueles yelos de 1789 y las que pudieron resistir quedaron casi todas deterioradas. No obstante esta pérdida, que procuran reparar, se secan más de dos mil arrobas de higos, sin contar las innumerables que se consumen frescas. De los montes se sacan porciones de bellotas, y de los pastos hasta 700 crías con la lana correspondiente” (Cf.: A. J. Cavanilles, Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y Frutos del Reyno de Valencia, Madrid, Imprenta Real, 1795-1797, vol. I, pp. 29-30).

    Sobre los aspectos médicos de esta obra, véase el trabajo de J. A. Micó Navarro y J. L. Barona Vilar, “La higiene y sanidad de las comarcas castellonenses en el siglo XVIII a través de las “Observaciones…” de Cavanilles, Estudis Castellonencs, 5 (1992-1993), 467-482.

[15] Cf.: B. Mundina Milallave, op. cit., p. 277.

[16] “…sus casas en número de 432, son de tres pisos la mayor parte, formando calles pendientes é irregulares y de mal piso” (cf.: B. Mundina Milallave, op. cit., p. 277); “Tiene 410 casas que se distribuyen en calles mal empedradas, desiguales é inclinadas” (cf.: P. Madoz, op. cit., vol. 7, p. 319)

    Esta casa tipo la hemos conocido intacta hasta los años ochenta del siglo XX. Esto se debe a un proceso de descenso de la población desde las calles más altas y en pendiente hacia la parte llana, que comenzó a partir de los años sesenta del siglo pasado y que fue acompañado de la construcción de una nueva iglesia parroquial en 1962. Este proceso culminó hacia los años setenta con un despoblamiento de las calles Capdevila, Fredes, Llansana y Trascases, que comenzaron a sufrir un notable deterioro. Por ello podemos describir perfectamente la distribución tradicional por haberla podido observar, repetitivamente, en esta zona urbana que actualmente está siendo repoblada por alemanes, suecos, franceses y españoles como segunda vivienda.

[17] B. Mundina Milallave, op. cit., p., 278.

[18] Sabemos que en estos años ejercía como médico en Xert Ignacio Sanz, porque el 4 de agosto de 1852 moría un hijo suyo de 14 meses, especificando en el registro parroquial la profesión del padre (cf.: Archivo Parroquial de Xert, Libro de defunciones (1852-1870), f. 12 r. )

    Así mismo, aunque no hemos podido constatar aún si ejercieron en el pueblo su profesión, hemos localizado en el Archivo de la Universidad de Valencia cuatro estudiantes de medicina naturales de Xert, que se graduaron en la primera mitad del siglo XIX: Juan Bautista Sanz Bayarri, que obtuvo el grado de bachiller en medicina en 1818; Juan Navarro Rodríguez, en 1840; Serafín Sanz Bel, en 1841 y Ambrosio Selma Ferreres, en 1843. (Cf.: J. A. Micó Navarro; M. A. Lluch Adelantado, “Profesionales sanitarios del Maestrazgo, graduados en la Universidad de Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (1800-1858)”. Trabajo inédito)

    En la segunda mitad de dicho siglo, encontramos un mayor número de estudiantes de profesiones sanitarias naturales de Xert cursando su carrera en Valencia. Sin duda alguno de ellos ejerció la profesión en el pueblo y debió ser autor de los diagnósticos estudiados. Son los siguientes: los médicos Miguel Andreu Masip obtuvo la licenciatura en medicina en 1864 y José Beltrán Sales en 1891; el cirujano Serafín Sanz Bel, en 1863 y los practicantes Juan Doménech Sanz en 1870, Manuel Beltrán Beltrán en 1889 y Miguel Segura Beltrán en 1900. (cf.: J.A. Micó Navarro, “Profesionales sanitarios del Maestrazgo…” Estudis Castellonencs, 4 (1987-1988) 317-330.

    Este mayor número de profesionales sanitarios nos explica la calidad y precisión terminológica de los diagnósticos en la última década estudiada (cf.: J. Bernabeu Mestre, “Presentación” en: El paper de la mortalitat en l´evolució de la població valenciana, Alicante, Instituto Juan Gil Albert, 1991, pp.9-26.)

[19] Estos datos coinciden con los obtenidos por F. Martínez Monleón para Nules y Moncófar o J. J. Todolí Pérez de León en su tesis de Cocentaina.

[20] En la comarca del Maestrazgo fueron especialmente cruentos estos enfrentamientos bélicos de los que no escapó nuestro pueblo. Así aparece descrito por Galdós en “La campaña del Maestrazgo”: “El ejército cristino, como se ha dicho, tuvo que bajar a Vinaroz; comió y volvió a subir, custodiando un convoy de víveres para socorrer a Morella, algo apurada de bucólica en aquellos días. Queriendo cortarle el paso, apostó Cabrera a su gente en Chert; pero el Lobo Cano anduvo más listo; conocía la jugada, dispuso sus tropas con arte y burló la astucia del Leopardo. Trabóse batalla, en la que el Lobo llevó la mejor parte, ganando sin dificultad el paso de Vallivana y entrando en Morella sin grave tropiezo. Repitióse a la vuelta la jugada, con mayor gasto de cartuchos y algunas bajas; pero el Lobo pasó, rodeando las alturas de Catí, mientras su rival, desconcertado por este hábil movimiento, bajo a esperarle al valle de San Mateo, donde la Caballería cristina le hizo frente, obligándole a volver a las alturas”. (cf.: B. Pérez Galdós, “La campaña del Maestrazgo” en: Espisodios nacionales, Madrid, Aguilar, vol. II, p. 1324). Así, en una de estas escaramuzas debieron de fallecer, en los últimos meses de 1875 correspondientes a la tercera y última guerra carlista, los diagnosticados como muertos en acción bélica. También a quedado constancia de estos enfrentamientos bélicos en la toponimia, como lo demuestra el denominado Racó de la batalla, cercano a la carretera general Vinaròs-Vitoria.

[21] Esta epidemia ha sido estudiada en otros municipios de características similares a Xert por Rafael Monferrer Guardiola en sus trabajos: “El cólera de 1885 en la Iglesuela del Cid. Breve estudio epidemiológico”, Teruel, 77-78 (1978), 291-315 y “El cólera de 1885 en Ares. Breve estudio epidemiológico”, Boletín del Centro de Estudios del Maestrazgo, 29 (1990) 63-81.

[22] Sobre la significación real de estos términos y en especial la muerte por dentición, véase el artículo de E. Perdiguero Gil, “Causas de muerte y relación entre conocimiento científico y conocimiento popular,” Boletín de la Asociación de Demografía Histórica, XI (3) (1993) 65-88.

[23] A. J. Cavanilles, op. cit., vol. I, pp. 71-72.

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