La fábrica de toquillas “J. y J. Doménech” de Xert

Un comercio textil con proyección peninsular

Por Juan Antonio Micó Navarro

I. Introducción.

     En agosto de 2004 se nos ocurrió poner en marcha un proyecto expositivo que, a lo largo de varios años, fuera concienciando a las familias de Xert de la importancia que tenía conservar la ropa antigua como testimonio histórico y etnológico, en especial aquella que se enraizaba en la tradición popular de la comarca: faldetes, toquillas, saragüells, capas de ceremonia, camisas de dormir de hombre y mujer, etc.

     Para este primer montaje contamos con la desinteresada e inestimable colaboración de nuestro querido amigo Javier Palomo, licenciado en Historia del Arte y archivero del Ayuntamiento de Vinaròs, quien no sólo nos ayudó en el proyecto y en el montaje de la misma en la Capilla de la Comunión de l´Església Vella, sino que aportó las piezas de su propia colección e impartió una conferencia sobre la ropa tradicional del Baix Maestrat.

     El año siguiente y contando también con su valiosa ayuda organizamos una segunda exposición, pero con ropa procedente de Xert. Fue un paso importante pues, aunque en un principio parecía que se conservaban pocas piezas antiguas, poco a poco comenzaron a surgir tantos elementos de ropa tradicional que desbordaron nuestras expectativas hasta plantearnos, en años venideros, realizar otras exposiciones monográficas sobre ropa infantil, de hogar, etc.

     Para su correcta catalogación Javier Palomo nos prestó, entre otros, el libro de Fernando Maneros López y Carmen Aguarod Otal, titulado Mujeres con sayas y hombres de calzón; indumentaria tradicional en el Maestrazgo y la sierra de Gudar, publicado en Zaragoza en 1997, que nos dejó maravillados por la gran riqueza y variedad de la ropa allí recogida, correspondiente a las comarcas aragonesas. Y en una de sus secciones, dedicadas a las toquillas, encontramos la descripción de la marca J. y J. Doménech, de Xert, de la que afirmaba que surtió de este elemento a muchas zonas aragonesas durante su época de funcionamiento. Esto nos animó a intentar recuperar para nuestra memoria colectiva esta institución industrial y comenzamos a indagar, a través de los descendientes que conocíamos de dicha familia, acerca de la creación y funcionamiento de la fábrica.

     Los primeros pasos que dimos fueron desalentadores, pues no se conservaba mucha documentación sobre la fábrica. Por ello recurrimos, en primer lugar, a Soledad Ferrás, viuda de Olegario Doménech Beltrán, pues conocíamos la meticulosidad y el afecto que, por todo lo que tenía relación con Xert, había tenido en vida Olegario y él era descendiente de uno de los fundadores y continuador, en parte, del proyecto textil. Confiábamos que debía tener materiales para empezar el estudio y, en efecto, Soledad nos ha proporcionado algunos de los documentos básicos para elaborar el presente trabajo, como la escritura de fundación de la sociedad J. y J. Doménech, datada en 1900. A ella, en primer lugar, queremos expresar nuestro agradecimiento.

     Por otra parte pensamos que a través de la historia oral podríamos enriquecer la información recopilada y así fue como entrevistamos, en el verano de 2006, a la única hija viva de Joaquín Doménech, Alegría Doménech Beltrán y a su hija Ángela Beltrán Doménech, que nos proporcionaron interesantes noticias sobre la vida familiar. Esta última nos ha posibilitado conocer datos de la otra rama afincada en Barcelona descendiente de José Juan Doménech Sanz, de la que poseíamos menor información a través de su prima Pilar Doménech Presas, a quien agradecemos también su colaboración.

     Alfredo Rambla tuvo la amabilidad de dedicarnos una tarde completa de agosto de 2006 y nos proporcionó una descripción de la distribución interior del edificio, que recordaba de su infancia y datos de la distribución de las trabajadoras y su importancia en el seno de una población rural, eminentemente agrícola.

     Juanita Beltrán, como otros años, ha sido una fuente oral indispensable. Su privilegiada memoria nos ha ayudado nuevamente a recuperar un trozo perdido de nuestra historia. Ella nos acompañó a hablar con Camelia Beltrán, quien trabajó en la fábrica y nos habló del sistema productivo y del sueldo de las trabajadoras.

     Por último, consultamos el Registro civil en el Ayuntamiento de Xert para comprobar las fechas de matrimonio y los nacimientos de algunos miembros fundamentales en la creación de la empresa. Como todos los años, Benita, Teresa y Pablo nos facilitaron la labor de consulta. A todos ellos nuestro agradecimiento.

     Vamos pues a exponer lo que sabemos de esta industria xertolina que impulsó especialmente el empleo femenino no sólo de Xert, sino de los pueblos colindantes de la comarca y, por tanto, constituyó un importante impulso a la economía de las familias xertolinas de la primera mitad del siglo XX.

II. Origen del negocio familiar.

     En el siglo XIX el pueblo de Xert constituía una comunidad eminentemente agrícola. Así se desprende de la obra de Bernardo Mundina Milallave, publicada en 1873, bajo el título de Historia, geografía y estadística de la provincia de Castellón, quien al hablar de Xert y en el apartado que dedicaba en cada población a las actividades industriales, decía textualmente: “Además de la agricultura se tejen algunos lienzos ordinarios y telas de lana para el consumo de los mismos habitantes”. Tan sólo menciona la existencia de seis molinos harineros y una almazara, pero en ningún caso nos indica que, a finales de dicho siglo, existiera en Xert una industria textil propiamente dicha.

Jose Juan y Pilar

José Juan Doménech Sanz y Pilar Herrero Durán, el día de su boda.

     A través de las actas de matrimonio y de nacimiento del Registro civil de Xert, podemos reconstruir el origen de la familia Doménech Sanz, cuyos hijos varones, José Juan y Joaquín, serían los fundadores de la fábrica que nos ocupa.

     Fueron sus padres José Doménech Sanz, alpargatero y Joaquina Sanz Beltrán, los cuales contrajeron matrimonio en Xert el 12 de agosto de 1871. El padre de éste y abuelo de los fundadores se llamaba José Doménech Jovaní, también alpargatero, por lo que el principio de toda la tradición comercial de esta familia debió ser la fabricación de alpargatas.

     El matrimonio de José y Joaquina tuvo cuatro hijos: José Juan, nacido el 25 de mayo de 1872; Joaquín, el 15 de junio de 1874; María Cinta, el 6 de enero de 1880 y una cuarta niña, según nos ha informado Soledad Ferrás, llamada Dolores, de la cual no hemos localizado la partida de nacimiento. En la partida de María Cinta, que cursaría los estudios de magisterio e ingresaría en una orden religiosa dedicada a la enseñanza, consta como domicilio familiar la calle Fredes 38, así como los nombres completos de los abuelos paternos: José Doménech Jovaní y Mariana Sanz Balmes, domiciliados en la calle Llana y los maternos: José Sanz Granell y Juana Beltrán Beltrán, domiciliada en la calle Fredes.

     Aunque en la partida de nacimiento de los dos hijos mayores dice que el padre era alpargatero de profesión, hacia 1879 instaló una tienda de ropas que traspasaría a sus hijos.

     Esta venta o traspaso se realizó el 29 de diciembre de 1899 a través de una escritura pública otorgada ante el notario de San Mateo José Verdú Albert. En ella consta que: “José Doménech Sanz, de 49 años, casado y comerciante, [es] dueño de una tienda de ropas y paquetería con todos sus estantes y demás utensilios, establecida en la calle Valencia número 11 de la villa de Chert, de un capital o valor… según tasación pericial, de quinientas pesetas, cuya tienda posee hace veinte años.”

     La tienda pasó proindiviso y por mitad a sus hijos José Juan Doménech Sanz, de 27 años, soltero, del comercio, vecino de Barcelona y Joaquín Doménech Sanz, de 24, soltero, del comercio, vecino de Xert, por la cantidad indicada.

Joaquin Domenech

Joaquín Doménech Sanz.

     A partir de este momento los dos hermanos son propietarios, a partes iguales, del negocio paterno, estando ya José Juan instalado en Barcelona, donde se establecería de forma permanente con su mujer e hijos, siendo el encargado de la parte comercial del negocio, o sea, de la distribución y venta por toda España de los productos textiles manufacturados que Joaquín se encargaría de elaborar desde Xert, en la fábrica que estaban a punto de fundar.

     Entre los papeles que nos ha dejado consultar Soledad Ferrás, hay varias circulares que fueron remitidas, a lo largo de la historia del negocio, a los clientes. La primera está datada en enero de 1900, nada más constituirse la nueva sociedad comercial de los hermanos José Juan y Joaquín y dice así:

     “Muy Sr. mío: Atendida mi avanzada edad, he determinado traspasar la casa que bajo mi nombre se dedicaba al comercio de Tejidos, a mis hijos José y Joaquín Doménech Sanz, según escritura otorgada ante el Notario Don José Verdú, de San Mateo.

     Los conocimientos que los citados tienen adquiridos espero merecerán de V. les conceda la confianza se ha servido V. dispensar hasta hoy a su affmo. S.Q.B.S.M.”

     Esta circular lleva el sello de José Doménech y fue remitida junto a otra de los hijos del siguiente tenor:

     “Muy Sr. nuestro: Por la circular que antecede, se habrá V. enterado del traspaso que a tenido a bien hacernos de su casa de comercio de tejidos, nuestro Sr. Padre…

     Desde hoy, pues, girará ésta a nuestro nombre bajo la razón social J. y J. Doménech, esperando vernos favorecidos con la confianza que hasta hoy ha dispensado a la de nuestro Sr. Padre, a fin de aumentar, si cabe, la importancia de nuestra relación”.

     Va firmada por José Juan y Joaquín Doménech.

     Comenzaba, así, a funcionar la nueva empresa.

III. La razón social J. y J. Doménech (1900-1923).

     La sociedad comercial se fundó el 28 de agosto de 1900 a través de una escritura notarial que firmaron ambos hermanos ante el notario de San Mateo José Verdú Albert, el mismo ante quien había traspasado su padre el negocio.

     Tenían, no nos cabe ninguna duda, una probada experiencia textil consolidada en la tienda paterna y por ello era previsible el éxito comercial pues partían de una sólida clientela creada por su progenitor a lo largo de veinte años. En ella se incluían unos comienzos tenaces y trabajosos en que el fundador, según información oral recogida de algunos familiares, se acercaba a otras poblaciones del Baix Maestrat y a las masías del término de Xert para vender sus mercancías. Por eso podemos afirmar, sin duda a equivocarnos, que cuando comenzó a rodar la nueva sociedad J. y J. Doménech, poseía ya un prestigio bien ganado de honradez y eficacia comercial.

     En la escritura fundacional de la “Sociedad colectiva J. y J. Doménech”, se establecían las siguientes condiciones:

     1º El objetivo de la sociedad será la compra venta de tejidos.

     2º La razón social de esta sociedad será la de J. y J. Doménech: y se fija el domicilio de la misma en la villa de Chert (Castellón).

     3º La sociedad podrá establecer cuantas factorías, dependencias y establecimientos considere necesarias para facilitar sus negocios y el mayor desarrollo del comercio a que se dedican, verificando todas las operaciones que crea convenientes al fomento de su capital, de conformidad con los socios.

     4º La duración de esta sociedad lo será de dos años contados desde hoy, los cuales se entenderán prorrogados a voluntad de los socios, debiendo éstos de avisarse mutuamente con seis meses de anticipación para darla por terminada.

     5º Ambos socios, indistintamente, tendrán a su cargo la administración de la sociedad y podrán usar la firma social, quedando autorizados para hacer cada uno en nombre de la sociedad toda clase de operaciones y negocios mercantiles, practicar judicial y extrajudicialmente cuantos actos se requieran, nombrar procuradores para la reclamación y cobro de créditos y presentar ante los Tribunales las demandas y excepciones procedentes.

     6º El capital de esta sociedad se compone de dos mil pesetas que aportan por mitad cada uno de los socios en dinero efectivo y géneros por partes iguales.

     7º Las ganancias o pérdidas que resulten en la sociedad se distribuirán también por mitad a cada socio.

     8º Con el fin de saber el estado y resultado de la sociedad, se practicará al finalizar cada año un inventario y balance.

     9º Queda convenido que las utilidades resultantes a favor de cada socio en los balances que deben verificarse según deja dicho, no se extraigan de la sociedad más que en caso de necesidad justificada.

     10º Las diferencias y cuestiones que pudieran suscitarse entre los socios, bien sea por actos y dirección de negocios en ella comprendidos, se decidirán por amigables componedores dentro de quince días por dos socios, cuyo nombramiento deberá recaer en un comerciante por cada uno, y en caso de discordia se someterá al dictamen de un tercero, nombrado por los mismos amigables componedores a cuya decisión se someten desde ahora ambos socios.

     12º Disuelta la sociedad por finalizar el tiempo prefijado en la condición cuarta o por fallecimiento de un socio, retirará cada uno de éstos o sus herederos el capital que hubiere aportado y utilidades que le corresponden en géneros, dinero metálico, deudas y efectos en justa proporción.

     13º Si en los balances que se verifiquen de la sociedad resultase sufrir pérdidas que alcancen a la mitad del capital, se disolverá la compañía.

     14º Cada uno de los socios queda facultado para comprar a nombre de la sociedad cualquier edificio o fincas que conviniera para el mejor desarrollo o conveniencia de la sociedad, pudiendo otorgar las correspondientes escrituras a nombre de la misma, para lo cual quedan autorizados expresamente.

     15º Como compensación a los trabajos que practique a favor de la sociedad el socio Don Joaquín Doménech, el otro socio Don José Juan Doménech se obliga a entregar anualmente la cantidad de quinientas pesetas, las cuales se acumularán para su reparto a los beneficios que resulten en cada fin de año.

     Aunque suponemos que estas cláusulas eran más o menos iguales en otras sociedades comerciales que se constituían en la época entre miembros de una misma familia, nos ha parecido interesante publicarlas para hacernos una idea de cómo tanto José Juan como Joaquín Doménech eran propietarios, a partes iguales, de la empresa, aunque Joaquín fuera el encargado de la fabricación en Xert y José Juan el que abriera, desde su posición privilegiada de ciudadano de Barcelona, los mercados necesarios para comercializar los productos textiles de la firma y expandir la venta de toquillas por Aragón, Cataluña y otras regiones españolas.

IV. La familia de José Juan y Joaquín Doménech Sanz.

     Poseemos escasos datos de la familia que formó José Juan pues al afincarse en Barcelona, no hemos localizado su partida de matrimonio ni el nacimiento de sus hijos en el Registro civil de Xert. No obstante, gracias a la información que nos proporcionó Alfredo Rambla y a las gestiones realizadas por Ángela Beltrán Doménech con sus primas de la rama catalana, en concreto con Pilar Doménech Presas, hemos podido reunir los materiales necesarios sobre esa parte de la familia.

Dolores

Dolores Beltrán Ferreres, esposa de Joaquín.

     José Juan Doménech Sanz contrajo matrimonio en Barcelona en 1905 con Pilar Herrero Durán, natural de Zaragoza, según se desprende de la dedicatoria que figura en la parte posterior de la fotografía de su boda que publicamos, instalándose el matrimonio en Barcelona, donde ya vivía éste de soltero. De esta unión nacerían dos hijos: Alfredo Doménech Herrero, quien casó con Blanca Presas Planas, con descendencia que actualmente residen en Barcelona y María Pilar Doménech Herrero, casada con Alfonso Castells Valls, que no tuvieron descendencia.

     De la rama xertolina de Joaquín hemos podido localizar más datos. Sabemos que éste casó en nuestro pueblo el 10 de febrero de 1904 con Dolores Beltrán Ferreres, también de Xert. De esta unión nacieron: Olegario Doménech Beltrán, el 11 de octubre de 1908, quien casó con Soledad Ferrás Beltrán, con descendencia; Celia Doménech Beltrán, el 12 de junio de 1910, casada con José Segarra Alguero, con descendencia; Soledad Doménech Beltrán, conocida familiarmente como Sol, el 26 de diciembre de 1913, casada con Julio Prades, viudo, sin descendencia de esta unión, y Alegría Doménech Beltrán, el 10 de agosto de 1915, casada con Marcos Beltrán Carbó, con descendencia.

     Cuando en 1923 los hermanos decidieron, de mutuo acuerdo, separar el negocio, José Juan se hizo cargo de la fábrica, que más tarde dirigiría desde Barcelona junto a sus hijos, especialmente con su hija María Pilar. Joaquín y a su muerte su viuda e hijos, se quedaron la tienda de ropa de la calle Valencia.

V. Funcionamiento de la empresa J. y J. Doménech y construcción de un nuevo edificio para fábrica.

     El negocio del padre de José Juan y Joaquín Doménech consistió en un principio en una tienda de materiales textiles: sábanas, colchas, faldetes, mantas, etc., que se traían posiblemente de Barcelona o de otras poblaciones industriales.

     Un segundo paso consistió en confeccionar en la casa familiar y tienda de Joaquín, situada en la calle Valencia número 11, las primeras toquillas con la ayuda de unas primas. Mientras, José Juan comenzó a abrir mercados para su comercialización y a proporcionar, desde la ciudad condal, nuevas muestras de toquillas que aprendían las mujeres de Xert. Estas trabajaban en la entrada de la casa o en el terrado de la misma, según información oral, dependiendo de la época del año. También se distribuía material para que las mujeres pudieran trabajar en sus propias casas.

     Por último, cuando ya el negocio comenzó a crecer, un empleado se desplazaba a otras poblaciones cercanas como Catí, Canet o Sant Mateu, donde también se fabricaban toquillas, que luego se recogían y enviaban al despacho de distribución de José Juan en Barcelona, a través de la estación de ferrocarril de Vinaròs.

     Como nos contaba Alfredo Rambla y hemos citado ya a través de la obra de Mundina Milallave, a finales del siglo XIX Xert era un pueblo eminentemente agrícola. Por ello la creación de la fábrica de toquillas de J. y J. Doménech, que dio empleo a gran parte de las mujeres del pueblo, supuso un sobresueldo que permitió, en muchos casos, que los jóvenes con aptitudes para el estudio cursaran carreras universitarias. Ello dio como resultado que nuestro pueblo llegó a tener, en la primera mitad del siglo XX, uno de los índices más altos de titulados universitarios del Baix Maestrat. Junto a esta empresa existieron otros proyectos industriales: fábrica de jabón, lejía, serrería, la famosa destilería familiar de los Segarra y más adelante la explotación de las canteras de mármol, pero la de mayor importancia, en cuanto al número de operarios y por dar trabajo a las mujeres, siempre más relegadas en el terreno del empleo laboral, fue la fábrica de toquillas. Xert fue, en los comienzos de dicho siglo, junto a Morella y Vilafranca, uno de los mayores centros industriales de Castellón.

     Hacia 1905 o 1908 se debieron plantear José Juan y Joaquín la necesidad de construir una fábrica amplia para albergar a todas las mujeres que a diario acudían a fer toquilla. No hemos podido averiguar quién diseñó el edificio pero, dadas sus proporciones y estructura, no nos cabe duda que fue un arquitecto quien realizó el proyecto. Esta edificación, situada en el Paseo de la Independencia números 57 y 59, a las afueras de la población, en una zona de ensanche y crecimiento, junto a la carretera del Turmell, es hoy en día casa familiar de José Rosendo y Araceli Segarra que, después de comprarla a los descendientes de Alfredo Doménech Herrero, la restauraron en 1985 bajo la dirección técnica del arquitecto Arturo Zaragozá Catalan. Gracias a ellos conservamos un edificio que forma parte no sólo de la historia de Xert, sino que es testimonio de la arquitectura industrial castellonense del siglo XX.

Fabrica

El edificio de la fábrica J. y J. Doménch, en la actualidad.

     La única información segura que poseemos sobre su construcción la hemos encontrado en una interesantísima carta enviada desde la población francesa de Fos sur Mer, en la región de La Provenza, por una mujer de nombre Dolores, de la cual no sabemos el apellido, a Joaquín Doménech y Dolores Beltrán. Está fechada el 4 de marzo de 1914 y contiene una descripción de la vida en aquella población que constituye un auténtico documento histórico. Nos consta que la mujer era oriunda de Xert, porque hace constantes referencias a los lugares y gentes del pueblo. Transcribimos un párrafo sin alterar, con su ortografía original. Así, nos sorprende cuando dice:

     “… les doy a saber que ace ocho dias que fuimos a un Circo, cosa que en mi vida e visto cosas tan bonitas. Es una compañía muy grande, trabajan 130 personas, 190 caballos, tres elefantes, tres fieras y perros. No ay que decir si abian 40 coches y el sitio donde trabajaban me parece que seria doblado que las eras de Quelo. Joaquin, ya me escribiran y me diran si ya an acabado la Fabrica, que dara gusto de ver y me diran quien fue a San Marcos los de San Millan o los de Sais que yo todo el dia pense con eso”.

     Por esta carta sabemos que en 1914 la fábrica de toquillas estaba aún en construcción, posiblemente muy avanzada, pues habla de su finalización.

Trabajadoras

Patio interior del edificio de la fábrica con sus trabajadoras.

     En cuanto a la distribución interior del edificio, Alfredo Rambla recuerda que en la planta baja, a la derecha del patio central, en la zona que linda con la carretera del Turmell, había una cocina y unos aseos para uso de las trabajadoras. Estas se situaban alrededor del patio claustral, que estaba presidido por una fuente y, en verano, se sentaban en dicho patio, por su mayor frescura y aireación.

     Entrando por la puerta principal había tres habitaciones, en las que se guardaban las materias primas para la fabricación de las toquillas y una de éstas servía de despacho para llevar la contabilidad. Bajo el edificio se construyó una gran cisterna que abastecía de agua a las obreras y las necesidades de la casa familiar.

     En el piso superior estaba la casa de la familia de José Juan Doménech. Allí estaban situados los dormitorios, el salón, el comedor y la cocina. Las ventanas que daban al patio central estaban decoradas con cristales blancos y amarillos, para tamizar la luz y en la planta baja los arcos de ladrillo que daban al patio interior habían sido tabicados con ventanas centrales. Desde la reforma de los años 80 del siglo XX, estos arcos están cerrados por rejas de forja y cristal, lo que da una gran luminosidad a la planta baja y una gran belleza al conjunto.

     El último piso era una gran estancia, sin tabicar, donde se podían observar las grandes vigas de madera que sustentaban el tejado.

     La casa anterior a la fábrica, de menor altura, estaba dedicada a cochera y lugar donde almacenar las cosechas. Allí, el actual propietario José Rosendo Segarra, recuerda haber visto una inscripción con el año 1900, lo que nos indica que sería la parte más antigua del conjunto fabril.

     Las trabajadoras se sentaban en sillas de anea, llegando a trabajar en la fábrica hasta un centenar de mujeres, además de las que lo hacían en sus respectivas casas.

Cartel

Propaganda de la firma comercial.

     Carlos Sarthou Carreres, en la Geografía General del Reino de Valencia, en el volumen de Castellón que se editó en 1913, nos dice al hablar de Xert: “La industria tiene su representación de fabricación de toquillas (con 700 operarias), jabones, alcohol, ladrillos y tejidos domésticos. Hay cinco molinos harineros y catorce de aceite”. Suponemos que en esas 700 operarias se contabilizaban no sólo las de la fábrica propiamente dicha, sino todas las que trabajaban para ella. En cualquier caso, nos da idea de la importancia de la empresa de los hermanos Doménech para la economía de la comarca.

     Cuando las trabajadoras paraban a medio día o por la tarde, salían en hilera de ocho, chillando y cantando y subían, por la calle Valencia, hasta sus respectivas casas en la parte alta de la población, pues Xert se extendía a lo largo de toda la colina que corona la denominada ahora Església Vella y el pueblo viejo estaba todo habitado. Eran como el reloj que marcaba, con sus alegres y juveniles cantos, la hora de la comida o del descanso de la población.

     Según testimonio oral de Camelia Beltrán, que trabajó en la fábrica, las mujeres comenzaban a tejer todas al mismo tiempo y cobraban según las toquillas que hacían cada día. Como punto de referencia recuerda que las mujeres mayores venían a cobrar dos pesetas y las jóvenes tres reales, por termino medio.

     Alegría Doménech, única hija viva de Joaquín Doménech y Dolores Beltrán, nos contó que en la tienda y domicilio familiar, situada en la calle Valencia, actualmente número 61 y 63, en cuya planta baja hay hoy un supermercado, tenían sus padres instalado también un economato para las trabajadoras, en el cual las mujeres podían comprar a crédito o a plazos todo tipo de productos, pues además de ropa vendían alimentos, colonia, jabón, etc., lo que favorecía tanto a las trabajadoras como a los propietarios. Esta tienda la llevaba la madre, Dolores Beltrán, mujer muy dispuesta y con un fino sentido comercial, según los testimonios, que sabía ganarse la confianza y el afecto de todas las clientas.

     Mientras Joaquín Doménech se encargaba de la fábrica y de la confección en Xert, José Juan se preocupaba, desde el despacho de la calle Lauria 53 de Barcelona, de la comercialización de los productos, pues según vemos en las tarjetas de la empresa, era una “Fábrica de géneros de punto en lana, estambre y mohair”, aunque la principal producción eran las toquillas y manteletas. En algunas ciudades españolas llegaron a tener sucursal o representación, como en el caso de Barbastro, en el que su representante era C. Colomé y Cía.

     La relevancia social que alcanzaron los hermanos José Juan y Joaquín Doménech Sanz, tanto en Xert como en el ambiente del comercio textil, queda demostrada por dos hechos: por una parte, Joaquín fue elegido concejal del Ayuntamiento de Xert el 5 de octubre de 1909; por otra, la Asociación de Viajantes de Comercio y de Industria de Barcelona, nombró a la empresa J. y J. Doménech como Socio Protector, lo que nos indica que José Juan estaba muy bien considerado entre los comerciantes barceloneses y supo situar la empresa en un lugar destacado en el competitivo gremio textil catalán.

V. La disolución de la sociedad comercial J. y J. Doménech (1923-1925).

     Aunque la tradición oral y familiar es unánime en afirmar que la sociedad comercial de ambos hermanos se disolvió a la muerte de Joaquín Doménech en 1925, hemos localizado dos circulares, fechadas en 1923, que nos indican que fue en este año y en vida de Joaquín cuando ambos hermanos, de mutuo acuerdo y sin que nos conste motivo aparente de discordia, decidieron disolver la empresa y trabajar en el mismo negocio, cada uno por su cuenta.

     Dicen así estas circulares:

     “Manufactura de toquillas, nubes y manteletas de lana, mohair y estambre J. y J. Doménech. Chert. 1923.

     Sr. D…

     Muy Sr. nuestro: Razones de conveniencia nos han decidido a disolver, de perfecto acuerdo, la sociedad que desde hace 22 años veníamos girando bajo la razón social de J. y J. Doménech.

     De nuestro activo y pasivo se ha hecho cargo nuestro socio gerente D. Joaquín Doménech Sanz, quien se propone continuar los negocios a que se dedicaba la extinta sociedad.

     Al dar a V. las gracias por la confianza con que siempre nos ha distinguido, nos repetimos suyos affmos. S.S. J. y J. Doménech.”

     La segunda circular, que debió enviarse junto a la anterior o inmediatamente después decía:

     “J. Doménech. Chert.

     Muy Sr. nuestro. Por la circular que antecede se habrá V. enterado de la disolución de la Sociedad J. y J. Doménech, a la cual pertenecía como socio gerente.

     Me es muy grato manifestarle mi propósito de continuar los mismos negocios a que se venía dedicando la disuelta sociedad y que al efecto girará en lo sucesivo bajo mi solo nombre de J. Doménech.

     Al propio tiempo debo manifestarle a V. que para el mejor desenvolvimiento de mis negocios he dado poder amplio a mi hermano José para que en todo cuanto sea necesario me represente y firme en mi nombre.

     Sírvase tomar nota de ambas firmas y ordene lo que guste a S.S.Q.B.S.M. J. Doménech:”

     Por lo contenido en esta segunda circular vemos cómo, a pesar de la disolución de la sociedad conjunta, ambos hermanos mantuvieron una relación de mutua confianza.

     Lo cierto es que Joaquín estaba desde hacía algunos años delicado de salud. Parece que sufría del corazón y por ello se desplazaba desde su casa, en la calle Valencia hasta la fábrica en el Paseo de la Independencia en tartana, conducida por un empleado de confianza llamado Enrique Beltrán, natural de Las Parras de Castellote. Este era también el encargado de llevar a la estación de ferrocarril de Vinaròs los materiales elaborados en Xert para enviarlos al almacén de Barcelona y recogía la materia prima y los materiales textiles que venían de allí para la fábrica y la tienda familiar.

Tienda

Tienda textil familiar de la calle Valencia.

     Joaquín falleció en Xert el 20 de julio de 1925, a la edad de 51 años. Dejaba a su viuda, Dolores Beltrán, con cuatro hijos menores de edad a su cargo y teniendo que hacer frente al negocio familiar. La esquela se publicó en La Vanguardia de Barcelona el 25 de julio y en octubre la Asociación del Comercio y la Industria de Barcelona publicaba en su boletín, el siguiente anuncio: “Seguidamente se acordó abonar a la señora viuda de D. Joaquín Doménech Sanz 3.000 pesetas por defunción y 250 por entierro”.

     Dolores Beltrán era una mujer valiente y dispuesta, como ya hemos dicho. Lo cierto es que, o bien en 1923 o en 1925, se llegó a un acuerdo familiar por el que José Juan Doménech se quedó con la fábrica de toquillas del Paseo de la Independencia poniendo al frente, como encargada, a su prima Manuela Beltrán. Dolores y sus hijos se hicieron cargo de la tienda y el economato de la calle Valencia. Con la muerte de Joaquín cada rama de la familia trabajó por separado en el ramo textil.

VI. Epílogo del negocio familiar.

     Con la disolución de J. y J. Doménech no se interrumpió la fabricación de toquillas en Xert.

     La rama de Joaquín continúo con su viuda, que creó el negocio denominado Vda. de J. Doménech, ayudada por su hijo Olegario, quien heredaría más adelante la tienda y se dedicaría a la fabricación de toquillas y ropa infantil. Para facilitar su aprendizaje, Joaquín había enviado a Olegario, después de los estudios en la escuela y en el colegio de La Salle en Benicarló, a Madrid, a una tienda de mercería de un amigo llamado Inocencio Sardina. Pero al morir su padre, Olegario regresó a Xert. Tenía 17 años. Su madre lo emancipó en 1929, a los 21 años, según consta en nota marginal de su partida de nacimiento. Como la tienda no era suficiente para mantener a toda la familia, Olegario comenzó a fabricar toquillas, poniendo como encargada de la confección a una mujer de toda confianza llamada Simona y confió la comercialización a un hombre de Morella, el Sr. Rallo, que fue quien le animó a seguir la tradición paterna.

     En septiembre de 1943 Dolores Beltrán, por escritura otorgada ante el notario Antonio Jara Vizcayno, traspasó legalmente el negocio que ella había regentado con el nombre de “Vda. de J. Doménech” a su hijo Olegario quien envió una circular a los clientes de la familia que decía:

     “Chert, 30 de septiembre de 1943.

     Manufactura de Toquillas y Manteletas en Lana y Mohair. Especialidad en artículos para Bebé.

     Sr. D.

     Muy Sr. mío: Habiéndome hecho cargo del negocio de manufactura de toquillas y géneros de punto del que le considero enterado por la circular que le adjunto, pláceme comunicarle que el mismo girará en adelante bajo el nombre comercial de Olegario Doménech Beltrán. Al ponerme incondicionalmente a sus órdenes, me es grato notificarle que en mi cometido de apoderado que fui de mi Sra. Madre, no serán nuevas las relaciones comerciales que hoy empiezan, sino continuación de las anteriores, acrecentadas si cabe en mi afán de dar mayor impulso al negocio y superado, si cuento con la colaboración y atenciones con que se dignó honrar a mi madre y antecesora.”

     Aprovecho la ocasión para saludarle y queda de Vd. Affmo. S.S.q.e.s.m.

     Olegario Doménech”.

     Olegario, hombre despierto e inteligente para los negocios, viajaba con su esposa, Soledad Ferrás, por toda España, como representante de sus productos. A la vuelta, traían nuevas muestras que ella enseñaba a las trabajadoras para el año siguiente.

Mujer Xertolona

Mujer xertolina con toquilla.

     Soledad nos contaba que los domingos las masoveras acudían al pueblo y aprovechaban para realizar las compras que necesitaban y tocaban a la puerta de la tienda familiar a las 6 de la mañana. Mientras las madres seleccionaban los productos, las hijas se sentaban con los niños pequeños en las sillas que rodeaban el mostrador. Las madres decían: la filla que sormo el xiquet.

     Especializados en géneros de punto, desde bebé a cadete, los pedidos fueron creciendo hasta hacer necesaria la introducción de máquinas para poder atender los compromisos comerciales.

     La rama catalana de José Juan Doménech se mantuvo también largo tiempo unida a Xert, donde pasaban parte de las vacaciones, especialmente las de Semana Santa. Hasta tal punto mantenían su vinculación, que el hijo de José Juan, Alfredo Doménech Herrero, regaló a la Parroquia de Nuestra señora de la Asunción, una talla del Cristo de la Agonía, de gran veneración en Xert y que Miguel Segarra Roca, en su Historia Eclesiástica de Chert, nos describe así:

     “Pero, sobre todo, es digna de especial mención la actitud generosa y espléndida del piadoso católico barcelonés Don Alfredo Doménech Herrero, hijo adoptivo de este pueblo, de donde es su padre, que con aplauso y satisfacción espiritual de todo el pueblo de Chert ha regalado para esta iglesia parroquial un valiosísimo Cristo de la Agonía, de tamaño natural, todo de talla, de hermosa factura artística y que ha sido colocado en la Capilla que antes estaba dedicada al arcángel San Miguel y Santa Teresa de Jesús…”

     Sería la hija de José Juan, Pilar Doménech Herrero quien, junto a su padre, mantendría viva la fábrica de toquillas hasta los años 60 del sigo XX.

     Ambas empresas familiares, salidas del tronco común de J. y J. Doménech se han extinguido actualmente, pero quedará como un hito de esta empresa comercial, iniciada en el siglo XIX, el edificio imponente de su fábrica y los cientos de toquillas que, a lo largo y ancho de los pueblos de Valencia, Aragón y Cataluña y en especial en las casas xertolinas, mantendrán vivo el recuerdo de una marca comercial que llevó con orgullo el nombre de Xert a todas partes.

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