Los lupanares, burdeles o mancebías

Por Jesús Moya Casado

     En el año 1311 aparece la primera disposición en el reino de Valencia sobre los lupanares, burdeles o mancebías prohibiendo la relación carnal entre cristianos y moras. Curiosamente nada se dice de las relaciones entre cristianas y moros, que como es natural habría. Desde ese momento el Consell creó el Libro del Bien y del Mal donde se relacionaban todas aquellas personas que trabajaban en la cuestión del fornicio así como otro libro llamado El Libro Verde que fue el primero en intentar regular las vicisitudes del comercio carnal. La mayor parte del público piensa de que el burdel era un gran caserón o edificio aislado en el que estaban todas las mujeres como en comunidad; nada más lejos de la realidad. El rey Jaime II dictó una ley ordenando la creación de un lugar donde deberían residir las mujeres públicas y sus correspondientes alcahuetes y alcahuetas; al tiempo que las obligaba a abandonar las casas que habitaban en la ciudad por producir manifiesto peligro contra la moralidad de las costumbres y por ser un constante insulto a las gentes temerosas de Dios. A la zona donde comenzaron a asentarse las casas de las mujeres de vida alegre, las tabernas y los burdeles se le dio el nombre de El Públic. Se componían estos barrios de un sinnúmero de casas, pintadas de brillantes colores (faltaba bastante tiempo hasta inventarse el neón), rodeadas de un jardincito de reducidas dimensiones, y separadas unas de otras, con una empalizada cubierta de flores. Pertenecían dichas casas a diferentes propietarios que las alquilaban a mujeres dedicadas a hacer el papel de Celestinas y a los hostalers; estos eran los que más beneficio sacaban explotando a las desgraciadas mujeres proporcionándoles habitación, muebles comida, joyas, etc… haciéndolas pagar grandes alquileres y suministrándoles cosas superfluas, a fin de que, acrecentando las deudas las infelices, se vieran más ligadas y ellos formaran una especie de derecho para retenerlas en su poder. Poco o nada ha cambiado el negocio desde entonces. Las gentes “pías y temerosas de Dios” mostraron preocupación por las pobres y desgraciadas mujeres dedicadas al comercio carnal de ahí que el 13 de mayo de 1343 en el antiguo Convento de San Gregorio (actual calle San Vicente) la beata Adela Soriano perteneciente a la Tercera Orden de San Francisco con la ayuda de un grupo de damas de la nobleza fundaron en Valencia una casa para el recogimiento de mujeres de vida descarriada procedentes de Alicante, Castellón y Valencia.

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