El rey Jaime I

Por Jesús Moya Casado

     Confirmado en tres documentos distintos y según consta en la información documental francesa de Montpellier, dice exactamente que el rey Jaime I nació «durante la noche del 1 al 2 de febrero del año 1208» en el palacio de Tornamira de Montpellier, en aquellos momentos territorio perteneciente a la Corona de Aragón. Hijo de Pedro II el Católico y de María de Montpellier.

Retrato del rey Jaime I.

     La gestación y nacimiento de Jaime I forman parte de la leyenda popular configurada en torno al rey conquistador:

     Las crónicas de la época narran la poca afección que el rey Pedro II de Aragón, tenía por su mujer. El propio Jaime, en su Libro de los hechos ya relata como “nuestro padre, el rey don Pedro, no quería ver a nuestra madre”

     El rey Pedro había quedado prendado de una noble dama de Montpellier, a la que no le ocultaba sus sentimientos.

     Aprovechando esta situación, los nobles le preparan una cita, en la que esta mujer sería sustituida por la reina. El engaño tenía que surgir efecto y provocar el milagro de la gestación.

     La crónica de Ramón Muntaner relata así el acontecimiento: "Con arreglo al plan combinado, cuando todo el mundo dormía en el palacio, veinticuatro prohombres, abades, priores, el oficial del obispo y varios religiosos, doce damas y otras tantas doncellas con cirios en la mano, fueron al palacio real con dos notarios y llegaron hasta la puerta de la cámara del rey. Allí entró la reina. Y ellos permanecieron fuera, de rodillas y en oración, todos juntos. Y el rey y la reina estuvieron solazándose, puesto que el rey se figuraba que la mujer que tenía cerca era aquella señora de la que estaba enamorado"

     Al amanecer, los notables, los religiosos y todas las damas, cada una con una antorcha en la mano, entraron en la real cámara. El rey saltó de la cama asustado y echó mano a la espada: entonces se arrodillaron todos y enternecidos exclamaron: "¡Por Dios señor, mirad con quién estáis acostado!".

Jaime I en los fueros aragoneses.

     El nombre de Santiago, Jaime o Jaume, inexistente en las coronas hispanas, fue también atribuido a la intervención divina. La madre encendió 12 cirios con los nombres de los apóstoles. El último en apagarse decidió el que recaería sobre el heredero de la corona de Aragón. El niño fue bautizado en la iglesia de Notre Dame des Tables.

     El rey Pedro II hizo un pacto matrimonial para entregar a su hijo Jaime a la tutela de Simón, Señor de Montfort, para casarlo con la hija de este, Amicia, para lo cual el niño iba a ser recluido en el castillo de Carcasona hasta los 18 años.

     A la muerte de su padre, durante la cruzada albigense, en la batalla de Muret, Simón de Montfort se resistió a entregar a Jaime a los aragoneses hasta después de un año de reclamaciones y solo por mandato del papa Inocencio III.

     En las imágenes vemos un retrato idealizado del rey Jaime I de Aragón de finales del siglo XVI y que se encuentra en la ciudad de Palma de Mallorca y es propiedad del Ayuntamiento. En la otra imagen se puede apreciar a Jaime I en la inicial miniada “N” del Vidal Mayor, primera compilación de los fueros aragoneses. Cuyo texto en aragonés dice así:

     Nos, don Iavmes, por la g[rat]ia de Dius Rey d'Aragon et de Maillorgas et de Valencia, conte de Barçalona et de Urgel et seynor de Montpesler [...]

     (“Nos, don Jaime, por la gracia de Dios Rey de Aragón y de Mallorca y de Valencia, Conde de Barcelona y de Urgel y Señor de Montpellier”)

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